Allá por el viernes 7 de agosto de 2015 comenzó este camino
hacia un sueño, hacia EL sueño. Como les contaba en la entrada anterior hace
muchos años ya que se despertó en mi esta sed de mundo y un poco por mi
esfuerzo y mucho más por suerte hoy me encuentro trabajando para que ese sueño
suceda. Siempre supe que hacer esto por mi cuenta era imposible y que el apoyo
de la gente que me rodea se iba a manifestar en forma de rifas. Como todo en mi
vida, las proyecciones fueron basadas en un optimismo innato que inunda cada
cosa que hago. Soy optimista por naturaleza y siempre pienso que lo mejor que
pueda pasar es lo que va a pasar, por eso cuando pensé en las rifas pensé en
vender muchas. Hoy la realidad es otra, las primeras piedras empiezan a
aparecer en el camino hacia el sueño y el optimismo merma día a día.
La meta inicial difícilmente sea lograda, esto no implica
que peligre el viaje, sí significa que muy probablemente no sea 100% el que
tenía soñado, quizás sea mejor. Como todo en la vida, este proceso de venta de
rifas va dejando enseñanzas. Las ya obvias por un lado, familia y amigos que
incondicionalmente se vuelcan a ayudar por encima de sus posibilidades haciendo
que nuevamente la capacidad de asombro no tenga límites cuando de generosidad y
amor se trata. Las no tan obvias, vecinos, ex compañeros de escuela y
desconocidos que desinteresadamente se interesan en ayudar y se les ve a flor
de piel esa alegría que produce el ser solidario cuando ves que la persona que
recibe tu ayuda la valora. Son gratas sorpresas que te regala este camino.
Sin embargo no todo es color de rosas y hay tragos amargos.
Por lo que hablo con mis compañeros hay una cierta lógica o tendencia de que
quien más tiene es el menos interesado en colaborar. Son muchos los compradores
que uno contaba como seguros, no por su cercanía o afecto, sino porque
simplemente no representa un esfuerzo para ellos colaborar. Uno tiende a pensar
que cualquier persona que tenga a su alcance ayudar lo va a hacer, pero al
parecer esta no es la lógica imperante. Nuevamente la vida nos muestra que
quien menos tiene es quien más ayuda. Te compran la rifa en 10 cuotas, te pagan
con monedas e incluso gastan lo que no tienen para que uno viaje.
Esto me hace replantear muchos conceptos implícitos que
tenemos, uno se cría y crece dando por sentados que rico es el que más tiene.
Vemos a alguien con una gran casa, un auto cero kilómetro y vacacionando en el
Caribe y pensamos que ese es el rico. Sin embargo esta persona no tiene la
sonrisa que tiene ese que juntó monedas para comprarte una rifa, no tiene los
ojos sinceros del que sueña con que capaz se gana el apartamentito y por fin
tiene la casa propia, no tiene la cara de asombro cuando le contás los países
que vas a visitar gracias a su aporte. Eso no hay plata que lo compre, esa
gente es rica de alma, rica en valores, millonaria en generosidad.
Por esto digo que seguramente mi viaje no sea el que soñé en
cuanto a cantidad de países y extensión, pero va a ser mejor por los
compradores que tengo. A nadie de los que me compró le sobra nada, sacaron de
su bolsillo lo que no pueden para ponerlo en el mío, así que tendré menos rifas
vendidas que las esperadas pero valen el triple. La conformación de mis ventas
no agranda mi cuenta bancaria pero me agranda el alma, me hace ver que elegí
bien y que en cada lugar que esté les voy a agradecer por el esfuerzo que lo
hizo posible.
Llegan las primeras piedras en este camino pero, SI TAN
EMPEDRADO SE ENCUENTRA EL DESTINO, ENTONCES DE PIEDRAS HAREMOS CAMINO.
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