Todavía me acuerdo del día que le dije a mi madre que quería ser pediatra, tenia 13 anos y su cara fue un poema. no porque le pareciera mal o le disgustara la carrera sino porque yo tengo un problema con la sangre, básicamente la veo y me desmayo. Comprenderán que esto hace un tanto complicado que una persona pueda ser capaz de cursar medicina, es por ello que los anhelos de pediatra duraron menos que un suspiro y antes de comenzar ya fue descartado.
Triste pero no abatido continué con mis estudios secundarios a la espera de que apareciera la tan nombrada vocación. Dos años más tarde descubrí que tenía una facilidad atípica para la química y no tuve mejor idea que proponerme ser Ingeniero Químico, se lo comenté nuevamente a mi madre (como todo en mi vida) y esta vez sí la idea la convenció. No conforme con este "sí" que me dio mi madre fui por el consejo quien era en ese entonces mi profesora de química, le comenté mi decisión de ser Ingeniero Químico y nuevamente mis anhelos duraron menos que un suspiro. Sus palabras fueron categóricas: "estas loco Gabriel, no hay trabajo de eso".
Este es el momento que recuerdo como el primer error importante de mi vida, no porque me arrepienta de no ser Ingeniero hoy sino porque pesó más la opinión de un tercero que mis deseos y no tuve el coraje de seguir mis instintos. Hice lo que nos enseñan, escuchar la opinión de los que "saben" y tomar la decisión más conservadora. Por este camino llegue a la carrera de Contador Público, casi y sin casi, por descarte. Mi camino hacia el título no comenzó de manera mítica, no me vino una vocación casi que sobrenatural ni se despertó en mi un deseo divino por ser Contador. Fue una decisión pensada, no me gustaban las letras, tenía facilidad para los números y la salida laboral es excelente. Nuevamente optando por lo seguro.
Sin embargo el hecho de que la decisión provenga del más frio y pensado de los análisis no hizo que esta careciera de sentido. Casi que el mismo día que pise la Facultad sabía que no me había equivocado y que un día iba a cruzar esa puerta con el título bajo mi brazo. Lo que restaba ahora era buscar el camino, elegir de que forma quería yo llegar a esa objetivo, y fue también ese primer día que supe que lo que yo quería no era llegar ya a la meta sino disfrutar del recorrido.
El venir a Montevideo a estudiar y empezar a manejarme sólo me cambió por completo, empecé a descubrir cosas en mi que no sabía que existían y en ese mismo año nacieron esas ganas insaciables de conocer el mundo. Si el hecho de conocer Montevideo por mis medios me había abierto la cabeza, extrapolar eso a la inmensidad del mundo respecto de la pequeñez de nuestro paisito fue el punto de partida de esta sed de mundo. Aquí nace mi segundo gran error, nuevamente marcado a fuego por el miedo.
Día a día cruzaba mi cabeza el deseo de llenar una mochila de ropa y lanzarme a Europa a que el viento y el destino me lleven. Tomarme un año para conocer parte del primer mundo y en ese camino seguir descubriéndome a mi. Ya se imaginarán por donde viene la mano. Con que cara la iba a decir yo a mi padre que toda la vida se rompió el lomo para que yo pueda estudiar que pensaba tomarme un año para mochilear por Europa? Como me iba a dar el lujo de perder un año de estudio e hipotecar el título? Un título que al minuto de entrar en la Facultad dejó de ser mío y paso a ser de todos, porque toda la familia estaba pendiente del primer universitario que sin quererlo pasó a ser ejemplo de los más chicos y esperanza de los más grandes. No porque a ellos les fuera a cambiar la vida sino porque querían sentir el orgullo de poder decir que yo lo logré. Nuevamente me asuste. No fui capaz de decirle a todos que no era mi sueño, no fui capaz de mirar a mis padres y defraudarlos. Sin embargo en esa decisión me defraude a mi mismo.
Hoy con el título en la mano puedo decir que me equivoque y que me arrepiento. No sólo porque esa experiencia merece ser vivida en ese momento, a esa edad y bajo esas condiciones sino porque estoy convencido que lejos de atrasar mi carrera ese viaje me hubiese abierto la cabeza de forma tal que al volver hubiese sido todo más fácil.
Si me viera a mi mismo con 18 años, si me tuviera frente a frente por un minuto me diría: "ANIMATE". El que no arriesga no gana, desafía todos los pronósticos que lejos de perder vas a ganar. Capaz que no tenes el título, capaz que no sos el ejemplo de la familia, pero vas a evitar esa sensación horrible del que hubiese sido si...? Vas a serte fiel más allá de que traiciones los sueños de otros, porque la peor traición es la que te haces a vos mismo. Por eso si estas dudando sólo te digo una palabra ANIMATE!

